Domingo, 19 de abril
DEPORTES

Perdió una pierna en un accidente y por tercera vez compitió en el Río Pinto.

La carrera del Río Pinto volvió a encender la pasión por el ciclismo el último fin de semana en las Sierras de Córdoba. Más de 5.500 ciclistas se lanzaron a la aventura sobre ruedas en uno de los eventos más convocantes del calendario nacional. Entre ellos, los flashes se los llevaron Lionel Scaloni, Pablo Aimar y todo el cuerpo técnico de la Selección Argentina, que participaron de la competencia y saludaron a la multitud. Pero detrás del espectáculo, hubo una historia que emocionó a todos: la de Pablo Cingolani , un excampeón argentino perdió la pierna en un accidente y es la tercera vez que compite en este desafío desde la amputación.

Pablo tiene 46 años y una vida ligada a la bicicleta. Desde los 15 compitió de manera profesional: fue campeón argentino, subcampeón panamericano y medallista de bronce en descenso. Hace 18 años abrió su propia bicicleta. Pero todo cambió en un instante. "Iba a buscar un número para una carrera cuando un auto me chocó de costado. Fue tremendo. Me hicieron muchas operaciones, me reconstruyeron con placas y tornillos, pero el dolor era constante. No podía más", recordó.

Después de seis meses de sufrimiento y un cuerpo que no respondía, tomó una decisión drástica pero liberada: pidió la amputación de la pierna. "Estaba postrado. Tenía la opción de seguir operándome o amputarme y empezar de nuevo. Decidí mirar la vida de otra forma. Cambiar era la única manera de salir".

 

"Lejos de abandonar el ciclismo, se aferró a él como salvavidas emocional. “Nunca pensé en dejar la bicicleta. Incluso cuando ya sabía que iba a perder la pierna, yo ya estaba pensando cómo iba a volver a pedalear con una prótesis. La bicicleta me ayuda a vivir”.

Volver no fue fácil. La adaptación fue dura. "Tengo una prótesis nueva, muy moderna. Me falta fuerza en el fémur, tengo que caminar con bastón. Pero cada día me siento más fuerte. La bicicleta es mi terapia".

La carrera del Río Pinto era un desafío mayor: 80 kilómetros, casi el doble de lo que venía entrenando. Pero lo logró. "Sentí que volvía a vivir. Es inexplicable la emoción. Todo el esfuerzo, el dolor, el miedo... todo valió la pena cuando crucé la meta".

Además del esfuerzo físico, Pablo reconoce otra batalla: la mental. "La recuperación no es solo médica. La cabeza tiene que estar bien. El ciclismo me ayudó a enfocarme, a ponerme objetivos. Eso es lo que me mantiene en pie".

Hoy, con la prótesis firme y la convicción más fuerte que nunca, Pablo se prepara para su próximo objetivo: el Campeonato Argentino de Ruta del 17 de mayo. "Estoy entrenando con todo. Mi sueño es llegar a una Paralimpiada. Ya nada me parece imposible".

En el Río Pinto recibió el cariño de todos. "Los corredores, la gente, los que me palmearon la espalda... eso es impagable. Me emociona mucho. Es lo que me da fuerzas para seguir".

También recibe mensajes similares de personas que atraviesan situaciones. Y ahí, Pablo vuelve a ser un faro. "Me escriben por Instagram, me dicen 'yo no puedo levantarme de la cama y vos estás haciendo esto'. Yo les contesto siempre: todo depende de uno. Si no tenés ganas, nadie puede hacerlo por vos. Hay que ponerse una meta. Eso es lo que te hace arrancar".

Su historia no es solo la de un ciclista que volvió a correr. Es la de un hombre que eligió no quedarse en el dolor. Que se convirtió en una tragedia en motor. Que demuestra que perder una pierna no significa perder el camino.

"Cuando hay ganas, siempre se llega al destino", dice Pablo Cingolani. Y pedaleando, lo está demostrando.

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