Domingo, 19 de abril
DEPORTES

Empezó a correr a los 72, cruzó los Andes 5 veces ya los 90 vive con plenitud

"No hay ninguna historia, es la vida que te va llevando", dice con voz serena Elisa Sampietro Forti, como si recorrer medio planeta, cruzar cinco veces los Andes y contagiar a hijos y nietos con su pasión por correr no fuera una historia que valiera la pena contar.

Elisa tiene 90 años. Nació en el norte de Italia y llegó a la Argentina cuando tenía 14 años, escapando de los aviones de guerra que bombardeaban su aldea en la ruta Milán-Como.

"Tirabas la bicicleta en el pasto, te escondías, pasaban los aviones y volvías a subirte para ir al colegio", recuerda con una naturalidad que estremece.  La guerra era el ruido de fondo de su infancia. Pero el país que la adoptó le ofreció una segunda vida: " La Argentina es hermosa. Hay lugar y trabajo para todos. Me da lástima que no la sepamos cuidar", dice.

Empezar a los 72

La historia de Elisa cambia décadas después. A los 72 años, ya abuela, se sumó por casualidad a un grupo de corredores en Tandil. No recuerda bien por qué. Pero fue. Y ya no paró.

"Estar en la naturaleza, sin depender de nadie… dejé todo y empecé a correr", afirmó.   Así, sin más, participó en decenas de carreras. Cruzó cinco veces los Andes en desafíos de 30 kilómetros diarios. Fue la protagonista de un documental. Y hasta regresó al Lago di Como, donde nació, para correr junto a su familia.

 

"Lo más lindo es ir trepando la montaña, darte vuelta y ver todo ese valle que dejaste abajo. Eso es correr", reflexiona.

Y agrega:  "El cruce es hermoso, más allá de la carrera en sí. Es una experiencia social increíble, conocés a mucha gente", dice Elisa sobre su experiencia en las montañas.

Correr como libertad

Hoy ya no corre. Una caída reciente se lo impide. Pero sigue caminando. Y no lo hace por entrenamiento, dice, sino para “lavar el cerebro”.

No tiene una dieta estricta. Tostadas Desayuna con queso y miel. Almuerza carne o pescado con verduras. A la noche, siempre huevo.

 

"Vivo agradecida. Le doy las gracias al ángel que me ayuda a sopesar los problemas. No me paro frente a ellos, los paso", agrega.

Cuando sus nietos vieron su entusiasmo, comenzaron a seguirla. Algunos se sumaron a las carreras. La acompañaron al cruce de los Andes. La siguió hasta Italia.

"Cuando fui a Italia a correr los 25 kilómetros en el Lago de Como, me acompañaron mis nietos. Me siguen siempre, aunque sé que me consideran algo cabezadura. Cuando pongo algo en la cabeza, no me lo quitan", revela, con la determinación que la ha caracterizado siempre.

Una vida lúcida

Elisa habla con una lucidez que sorprende. Hoy por hoy, uno de los mayores desafíos de la neurología es justamente eso: la lucidez. Y esa carrera la ha ganado con creces, a lo que Elisa responde: " La verdad que tuve mucha suerte". "No ser libre, no poder pensar por uno mismo, sería un castigo enorme. Espero seguir manejándome sola", anhela.

"Cuando llego a la meta, no me importa si fui la primera o la última. Lo que importa es haber llegado, haber superado mis propios miedos. Cada día, al enfrentarme a un desafío, siento que lo supero y sigo adelante", agrega Elisa con una humildad que conmueve a todos los que la escuchan.

Y deja una frase para grabar: " Aprenden a vivir ya gozar de la naturaleza. Está siempre ahí. Y es gratuito".

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